Estética dental

Tratamientos

  • Blanqueamiento dental

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    Es un tratamiento ultraconservador basado en la aplicación de agentes blanqueantes  con diferentes concentraciones (peróxido de hidrógeno o peróxido de carbamida) que se descomponen en radicales (agrupamiento de átomos) de agua y radicales libres de perhidroxilos y  que son capaces de actuar tanto en el exterior como en el interior del diente, blanqueando así el esmalte y la dentina, estructuras de las que depende el color de los dientes.

    Ningún tratamiento de blanqueamiento dental efectuado por un odontólogo especialista provoca dolor, abrasión dentaria (desgaste), como así tampoco debilita los dientes si se efectúa de manera correcta.

    Aunque el color de los dientes está determinado genéticamente, la tonalidad de éstos se mide a través de guías de colores estandarizadas que van desde el más blanco hasta el más oscuro hasta alcanzar un máximo de 15 tonalidades. La más conocida es la “Lumin Vacuum” (guía Vita). Gracias a un blanqueamiento  podemos reducir entre 5 y 14 tonos, lo que significa que una sonrisa muy amarillenta o grisácea puede volver a lucir su blanco original.

    Existen dos tipos de blanqueamiento: externo e interno.

    El blanqueamiento externo es el más habitual y el que se realiza sobre dientes vitales (sin endodoncias). Consiste en la aplicación de sustancias sobre la parte externa de la pieza dental.

    El blanqueamiento interno es aquel que se realiza sobre dientes no vitales, es decir que ya tienen realizado un tratamiento de conducto, aplicando el producto por dentro del diente y pudiendo complementar este tratamiento con el blanqueamiento externo.

    A su vez, el tratamiento se puede realizar en clínica en una sola sesión, de una hora o hacérselo el propio paciente en su domicilio (el odontólogo entrega unas fundas transparentes a medida para la dentadura, cuyo molde se fabricará en laboratorio tras una sesión previa para tomar medidas, así como un producto blanqueador que ha de aplicarse el paciente cada noche durante una hora durante al menos dos semanas).

    Aunque, en ocasiones, en casos de tinciones complejas y grisáceas o pacientes con una alta exigencia estética, se combina el blanqueamiento en clinica y domicilario.

    La técnica de elección,la concentración del agente blanqueante y la duración del tratamiento lo determinará el odontólogo especialista.

    En contra de lo que sucede con otros tratamientos de estética dental, las contrariedades que presenta el blanqueamiento carecen de gran importancia:

    Durante los primeros días posteriores al tratamiento, puede aparecer sensibilidad en las encías. Requiere que, durante unos días después del tratamiento, se lleve a cabo una dienta consistente en tomar alimentos sin colorantes y, por tanto, evitar bebidas como el café y la Coca-Cola, o productos como el tomate, la zanahoria o el chocolate. El blanqueamiento dental no es efectivo en determinados casos como los de coloraciones muy pronunciadas y, bajo ningún concepto, se podrá obtener un tono más blanco del natural de nuestros dientes. En estos casos, existen otros tipos de blanqueamientos dentales (con carillas de composite o de porcelana o con coronas cerámicas).

    Se recomienda el blanqueamiento dental a personas que tienen alguno de los siguientes problemas Asimismo, las indicaciones de los blanqueamientos dentales son:

    Dentaduras amarillentas o grisáceas como consecuencia de malos hábitos como el fumar tabaco o consumir bebidas que causan la tinción de los dientes (café, vino, Coca-Cola, etc.). En este caso, cabe señalar que si no se erradican estos hábitos, la pérdida del color natural de la dentadura volverá a darse con el paso del tiempo, y el blanqueamiento dental deberá realizarse periódicamente. Pérdida del color natural de los dientes causada por la edad. Pérdida del color como consecuencia de problemas en la composición de los dientes (fluorosis, falta de calcio, etc.). Pigmentaciones provocadas por tratamientos con tetraciclina (grupo de antibióticos indicados para una gran variedad de enfermedades). Pigmentaciones externas causadas por placa dental tras un tratamiento de ortodoncia.

    Sin embargo, existen casos en los que un blanqueamiento dental no supondría la consecución del tono natural de la dentadura y habría que recurrir a otra alternativa. Es el caso de:

    Dientes muy oscuros: en ocasiones, la tonalidad de la dentadura es tan oscura que un blanqueamiento no es la solución, por lo que debería discutirse con el odontólogo qué tratamiento alternativo le iría mejor. Posiblemente, entre ellos, el dentista recomendará el uso de carillas estéticas de porcelana o composite. Cambios de color por problemas como dentinogénesis (formación defectuosa de la dentina) o amelogénesis (formación defectuosa del esmalte) imperfecta, enfermedades que afectan a las estructuras que dan color a los dientes. Pigmentaciones grises por fluorosis o tetraciclinas: dado que los dientes amarillentos y porosos son más fáciles de blanquear que los grisáceos y sin tanta porosidad, en estos casos es recomendable consultar con un especialista cuál es la mejor solución a su problema, ya que el blanqueamiento dental no será satisfactorio. Dientes restaurados con carillas de composite o de porcelana: puesto que las carillas son finas láminas de un material innatural adheridas a la zona frontal de los dientes, el blanqueamiento no variará el tono de las mismas. Si han adquirido un determinado color o sufren cierto desgaste, la única solución es cambiarlas. Caries: la salud bucal ha de ser buena para poder llevar a cabo el blanqueamiento, como ocurre en el resto de tratamientos de estética dental. Dentaduras altamente sensibles, ya que no soportarían el tratamiento. Niños menores de 12 años. A pesar de que no existen estudios al respecto, se desaconseja la práctica del blanqueamiento dental en mujeres embarazadas.

    Como en todo tratamiento de odontología, se recomienda acudir a un especialista para que sea él quien decida si puede o no someterse a la técnica en cuestión, ya que cada persona presenta una situación imposible de generalizar. La elección de una clínica dental de garantía es imprescindible para conseguir el efecto deseado.

     La duración del blanqueamiento dental depende de los hábitos del paciente tras someterse al tratamiento. Así, el efecto durará menos tiempo en personas fumadoras o que suelan beber café, té Coca-Cola o vino, por ejemplo: cuanto más se cuide la alimentación, más durará blanca la sonrisa.

    Únicamente un 20% de las personas que se someten a un tratamiento de blanqueamiento pierden el color obtenido tras éste una vez transcurridos cinco años, según la Asociación Dental Americana (ADA). El rango se sitúa entre los dos y los siete años.

  • Carilla de porcelana

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    Una carilla de porcelana, también llamada faceta cerámica o frente laminado, es una lámina fina que cubre toda la cara frontal del diente, adhiriéndose a ella mediante una determinado tipo de cemento de resina (naturalmente no visible externamente).

    Al no requerir de una intervención muy complicada o dolorosa, y al presentar resultados excelentes (en duración y aspecto natural), la colocación de carillas de porcelana es una técnica reconstructiva muy demandada entre los tratamientos odontológicos estéticos.

    El objetivo perseguido al realizar un tratamiento de estética dental es conseguir mejorar la sonrisa del paciente y, por tanto, el aspecto general de su cara. Existen varias ventajas de utilizar las carillas de porcelana para alcanzar este objetivo:

    Mediante una carilla de porcelana es posible cambiar la forma de los dientes, su color e incluso su posición. Pueden emplearse en casos complicados (no obstante, en casos de grandes apiñamientos de dientes, defectos en la relación de las arcadas dentarias o bruxismo, puede tener que descartarse el tratamiento y el paciente debe optar por otra posibilidad, siempre con el correspondiente asesoramiento del dentista). Se trata de un tratamiento relativamente poco invasivo ya que, al tratarse de láminas que se adhieren al esmalte dental, no es necesario modificar excesivamente la forma original del diente del paciente tallándolo. Se ajustan perfectamente – y con fuerza – al diente cuyo aspecto se quiere modificar, por lo que no requieren de grandes alteraciones del tejido dentario. A diferencia de las carillas de composite, las carillas de porcelana son piezas de larga duración. Ello no significa que no exista desgaste (todo elemento está sujeto a un cierto desgaste, incluso lógicamente los dientes propios) o que no puedan romperse nunca, pero no es habitual que suceda tras poco tiempo, como puede suceder con otros tratamientos. Las carillas de porcelana mantienen durante mucho tiempo el color, brillo y aspecto que tenían cuando se colocaron (no se tiñen – por ejemplo con el vino o el café). Una vez ha cementado la carilla, el paciente puede comer y hablar con normalidad, por lo que el proceso de adaptación tras el tratamiento es mínimo. A diferencia de las piezas dentales propias, no retienen placa bacteriana, cosa que ayuda a mantener una salud dental óptima. Ello naturalmente siempre y cuando el paciente siga los consejos e indicaciones del dentista en cuanto a su higiene dental. No suele existir rechazo por parte del paciente, por lo que su colocación es indicada en todo tipo de bocas.

    Evidentemente también existen algunos inconvenientes que hay que tener en cuenta a la hora de decidirse por un tratamiento con carillas de porcelana:

    Si bien no es un tratamiento dental muy invasivo o doloroso (sólo puede ser preciso tallar mínimamente el esmalte dentario), sí hay que tener en cuenta que las carillas de porcelana se preparan para que se adapten perfectamente a cada diente de un paciente. Por ello, su diseño y preparación en laboratorio requiere de tiempo, así como su colocación. Una vez puesta una carilla de porcelana no es posible repararla ni quitarla fácilmente (hay que romperla). Además, tanto el tallado previo del diente como el diseño de la carilla de porcelana y la manipulación de la misma mientras se coloca en la boca requieren de unos conocimientos técnicos en estética dental elevados, puesto que no es un proceso sencillo. A diferencia de otros tratamientos de estética dental, la colocación de carillas de porcelana no suele hacerse en una única sesión: requiere de dos visitas a la clínica odontológica o a la consulta dental escogida, aunque el alto grado de reconstrucción de la sonrisa que se obtiene justifica esta pequeña incomodidad.

    Así pues, a diferencia de lo que sucede con otros tratamientos, la elección de un especialista odontológico reconocido que asesore sobre el color y la forma más adecuados en cada caso, y que proporcione garantías a la hora de llevar a cabo el tratamiento con carillas de porcelana.

    La colocación de las carillas de porcelana como técnica de restauración dental adhesiva es indicada en los siguientes casos:

    – Problemas de color de los dientes (tinciones dentarias): los dientes pueden perder su color natural por múltiples causas, aunque la más común suele ser la tinción por el consumo continuado de tabaco, té, vino u otras bebidas con color intenso como la Coca-Cola (en estos casos se habla coloquialmente de dientes amarillos o dientes manchados). También pueden producirse alteraciones en el color del esmalte de los dientes debidas al uso de medicamentos (por ejemplo, debidas al tratamiento con tetraciclinas desde la infancia), o por problemas en la composición de los dientes (como ejemplos pueden citarse la fluorosis, o exceso de flúor, y la decoloración blanca debida a la falta de calcio). Estos problemas de tinción dental deben tratarse con carillas de porcelana sólo en los casos en que no sea posible efectuar un tratamiento de blanqueamiento dental, por ser dicha tinción muy acentuada.

    – Problemas de forma de los dientes: un paciente puede querer recuperar su sonrisa natural, o puede querer que se le diseñe una nueva sonrisa más estética, por tener dientes cuyas formas no son ideales. Cabe citar, por ejemplo, los dientes que son más pequeños y afilados de lo normal (en cuyo caso se habla de “dientes conoides” y suele afectar a los incisivos laterales superiores; es uno de los casos en que más indicado es el tratamiento con carillas de porcelana), dientes excesivamente cortos (el caso más claro es también el de los incisivos centrales, también llamados “palas”) o simplemente los dientes que se han fracturado por algún golpe, especialmente cuando la fractura se produce en un borde del diente (las carillas de composite son también muy adecuadas para reconstruir fracturas).

    – Problemas moderados de posición de los dientes: un diente puede tener una posición en la boca fuera de lo normal (por ejemplo, con una inclinación hacia dentro o hacia fuera, o muy separado de otros dientes – en cuyo caso se habla de “diastema” – o puede, simplemente, ocupar la posición de otro diente). En este caso, el uso de carillas cerámicas adhesivas es indicado cuando el problema no puede solucionarse con ortodoncia, o cuando se desea conseguir la solución de forma mucho más rápida que mediante el uso de aparatos bucales.

    El tratamiento de cosmética dental mediante carillas de porcelana para solucionar cualquiera de los problemas descritos, o cuando existe una combinación de dos o más de ellos (por ejemplo, puede simultáneamente tratarse el cierre de un diastema y la restauración de un esmalte fracturado) consigue que el paciente supere sus complejos e inseguridades causados por dichos problemas bucales.

    Sin embargo, también existen casos en que no es posible reconstruir estéticamente una sonrisa mediante carillas de porcelana. En concreto:

    – Casos en que la salud e higiene bucal del paciente sea insuficiente. Antes de cualquier tratamiento estético con carillas de porcelana deberán tratarse las patologías que pueda tener el paciente (por ejemplo, caries).

    – Casos en que no existe suficiente esmalte para adherir cada carilla de porcelana, o en que el desgaste causado por la acción de apretar los dientes es excesivo.

    – Casos de problemas maxilares que requieran de cirugía previa, o casos que requieran de intervenciones periodontales previas, etc.

    – Casos realmente extremos relacionados con los problemas dentales enumerados anteriormente. Por ejemplo, cuando la distancia interdental (el diastema) es demasiado grande, puede mejorarse para tener una apariencia más natural, pero no se corregirá.

    Con independencia de los supuestos mencionados, es imprescindible consultar con el dentista antes de someterse a un tratamiento de estética dental con carillas de porcelana para averiguar si existe alguna contraindicación en el caso concreto de cada paciente.

  • Carillas de composite

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    Las carillas de composite son finas láminas – de 0,3 a 1 mm. de grosor – de un material sintético, derivado de la resina y utilizado también para realizar empastes. Suelen aplicarse en la zona frontal de las piezas dentales del grupo anterior, es decir, incisivos – centrales y laterales – y caninos.

    La unión de las carillas de composite a las piezas dentales se lleva a cabo con un fuerte adhesivo especial. La resistencia de éste es tal que no se separará a menos que la carilla se rompa, algo que no es habituall

    Es cierto que las carillas de composite tienen una vida media inferior a las de porcelana (mientras que las primeras duran entre 5 y 10 años, las segundas varían entre los 15 y los 20), ya que con el tiempo, pierden su brillo y pueden pigmentarse si no se lleva a cabo una correcta higiene bucal o se tienen hábitos poco recomendables (el tabaco o bebidas como el café o los refrescos de cola amarillean los dientes). Esto no sucede con las carillas de porcelana debido al material del que están hechas. No obstante, cabe la posibilidad de alargar al máximo la efectividad de las carillas de composite mediante revisiones periódicas y una limpieza de mantenimiento al año. Además, una vez transcurridos estos 5 ó 10 años se puede a cabo una regeneración de las carillas, proceso que no requiere una sustitución total de la lámina sino sólo de la capa superficial.

    En cuanto a su resistencia, cabe decir que tanto las carillas de composite como las de porcelana no deberían despegarse si la colocación se ha llevado a cabo con éxito. La rotura tampoco suele ser habitual en ninguno de los dos casos. Si esto ocurriese, la reparación de las láminas de composite sería más fácil, pues en ocasiones, basta con rellenar la zona fracturada. Por el contrario, con las carillas de porcelana, habría que repetirse el proceso desde el principio.

    Además de un gran resultado estético, pues consiguen variar el color, la forma y la posición de los dientes. Así pues, las carillas de composite son recomendables para resolver los siguientes problemas de estética dental:

    Coloraciones imposibles de solucionar mediante técnicas de blanqueamiento: los dientes pierden su color natural por diversas razones, como el consumo de tabaco o bebidas de color intenso (café, té, refrescos de cola..), por problemas en la composición de los dientes (exceso de flúor, falta de calcio…). A veces, la diferencia de color es tal que las técnicas de blanqueamiento no suponen una solución. En esos casos, el problema puede solucionarse gracias a las carillas de composite. Malposiciones de las piezas dentales: la dentadura ha de durarnos toda una vida, pero en ocasiones, su desgaste o incluso su fractura son inevitables. También puede ocurrir que no estemos a gusto con la forma de nuestros dientes, bien porque sean pequeños, afilados (“dientes canoides”), etc. Las carillas de composite pueden hacer que estos inconvenientes que llegan a provocar complejos se transformen en una sonrisa de anuncio televisivo. Problemas moderados de posición de los dientes: es posible que nuestra alineación de los dientes no sea perfecta o que una pieza tenga una posición innatural (inclinación, diastema – separación entre dientes –, ocupación del lugar de un diente por otro..) y deseamos corregirlos de manera inmediata. Un modo de conseguirlo es a través de las carillas de composite.

    Por el contrario, se dan casos que no son posibles de tratar mediante las carillas de composite. Es el caso de:

    Dientes muy oscuros: cuando la pérdida del color natural de los dientes es excesiva, este tratamiento puede no surtir su efecto, por lo que se recomienda la búsqueda de otra solución. Casos extremos de deformación: si la inclinación de un diente es demasiado acentuada o la distancia interdental (diastema) es excesiva, las carillas de composite mejorarán la apariencia, pero no erradicarán el problema. Hábitos parafuncionales: se conoce con este nombre al uso del sistema masticatorio para todo aquello que no sea masticar. Entre estos hábitos pueden citarse el apretamiento, el rechinamiento o la mordedura de objetos. Las carillas de composite no son recomendables en estos casos porque los problemas que presenta el paciente derivan, posiblemente, de estas prácticas, por lo que las carillas se verán perjudicadas del mismo modo que la dentadura inicial. Dientes con poco esmalte: aunque las carillas de composite mantienen el esmalte íntegramente, es necesario la existencia del mismo para adherir las láminas.